
La película de 2001 Rápido y furioso, A todo gas o Fast and the furious fue el origen de una serie de filmes que desataron una fascinación por los autos modificados o «tuning».
La película The Fast and the Furious sigue al policía encubierto Brian O’Conner (Paul Walker), que se infiltra en el grupo de corredores clandestinos que lidera Dominic Toretto (Vin Diesel), sospechosos de robar cargamentos a camiones con remolque (tráilers). El deseo de O’Conner por atrapar a los responsables se convierte en un lazo de amistad.
Influencia del tuning
Este filme se estrenó en Estados Unidos en junio de 2001 y en septiembre del mismo año se exhibió en los cines (teatros) de México por primera vez. En 2026, con motivo del 25 aniversario, volvió a la pantalla grande.
Su influencia se notó de inmediato. En México –que tiene un mercado de modificaciones modesto, si se le compara con el de su vecino país del norte– la locura por «tunear» de inmediato despertó un interés por los autos modificados, que lo mismo se notaba en un BMW Serie 3 que en un Chevrolet Chevy (la versión mexicana del Opel Corsa B).
El tuning, que generalmente se confundía con el styling (como bien me lo dijo un lector que luego se convirtió en un entrañable amigo), se infiltró en el lenguaje cotidiano, tanto de los aficionados de autos como de aquellos que no le ponen atención a los coches más allá de ir a la gasolinería a repostar combustible.
Quizá (especulación mía) este revuelo por el tuning fue lo que dio origen años después a los paquetes estéticos que empezaron a ofrecer marcas como BMW y Mercedes-Benz, que agregan accesorios puramente visuales, sin las piezas que aumentan la potencia y mejoran la compostura sobre el asfalto.
A partir de entonces, las escasas revistas impresas de modificaciones se enfrentaron a una gran cantidad de nuevas publicaciones competidoras. En la revista de la que yo estaba a cargo en ese entonces (Autoplus) mis jefes me ordenaron publicar una sección de tuning, que luego se convirtió en la revista Maxi Tuning, que dirigía Franky Mostro.
Diez años después de aquel primer filme (cuando ya se habían exhibido otros tres largometrajes de la saga y dos cortos), la fascinación parecía no disminuir.
Una revista me pidió entonces escribir una colaboración para ponerle palabras a un ensayo fotográfico de Tomasz Gudzowaty (Mexico car frenzy) acerca de unos aficionados a la velocidad mexicanos. Debido a que no pude encontrar a la gente que aparecía en las fotos y que Gudzowaty no respondió a mis peticiones de información, tuve que escribir una ficción basada en vivencias personales y en relatos que he escuchado. Lo que acabó en las páginas de la revista fue algo que los editores reescribieron casi por completo. Lo que importaba era aprovechar la moda.
En otra ocasión, una empresa productora francesa me contactó para ayudarlos a introducirse en el ambiente de las carreras ilegales en México (yo no estaba relacionado, pero de todas maneras cooperé con ellos). Lo único que pude hacer por ellos fue llevarlos a los retos de aceleración del Autódromo Hermanos Rodríguez de la Ciudad de México, para averiguar si ahí podíamos encontrar corredores clandestinos, pero la búsqueda fue infructuosa. El proyecto se truncó porque precisamente en esas fechas la policía había emprendido una guerra contra las competencias callejeras, a causa de accidentes recientes y a que los participantes de esas carreras ya se habían pasado de la raya (por ejemplo, detenían el tráfico de avenidas importantes, para que los corredores tuvieran vía libre).
Inicio más rápido que furioso
The Fast and the Furious comenzó como un proyecto independiente con un modesto presupuesto de producción de 38 millones de dólares y con un elenco de actores prácticamente desconocidos. El título en inglés es idéntico al de una película de 1954 (los productores pactaron con los dueños del título original) y se conoció en Latinoamérica como Rápido y furioso, y en España, como Fast and the furious: A todo gas.
La fuente de inspiración del filme provino de un artículo publicado en mayo de 1998 en la revista estadounidense Vibe titulado «Racer X», escrito por el periodista Kenneth Li, que relataba las carreras clandestinas en Nueva York a mediados de la década de 1990.
En el centro de esta historia estaba la red de vías rápidas de la ciudad que nunca duerme, escenario de las competencias de aceleración en las que los participantes apostaban sumas considerables de dinero.
El personaje principal era un hombre de origen dominicano y de 30 años llamado Rafael Estévez, que competía con un Nissan 300 ZX contra otros maniáticos de la velocidad que conducían principalmente deportivos japoneses de tracción delantera, que modificaban con cilindros maquinados para aumentar el desplazamiento, turbos o supercargadores y sistemas de inyección de óxido nitroso (ese, por cierto, es verdadero tuning).
«La emoción de ir rápido no se compara con nada. Otros grupos consiguen emociones al consumir drogas o lo que sea. La velocidad es lo que nos emociona a nosotros», opinó Javier Ortega, otro de los corredores clandestinos.

El Dodge Charger R/T 1970 de Toretto. Rápido y furioso / Universal Pictures
Potencia bruta
Si hubiera que elegir un auto para representar la película de 2001 quizá uno de los más apropiados sea el Dodge Charger R/T de 1970 de Dominic Toretto (Vin Diesel), a pesar del limitado tiempo que este coche figura a cuadro. Los ejemplares del Charger utilizados para las acrobacias tenían motores Chevrolet de bloque pequeño, aunque el auto protagonista contaba con un V8 Hemi de 528 pulgadas cúbicas (8.652 centímetros cúbicos), que seguramente rendía unos 900 caballos (661,9 kW), gracias a un supercargador que sobresale de la tapa del motor.
Veloz e imperfecta
Esta saga tan veloz como furiosa quizá no sea perfecta, pero es la que atrae a más fanáticos del cine de automóviles.
La película de 2001 se convirtió en el modelo para toda una franquicia que se conoce como Fast and Furious (F&F). Esta ha generado críticas favorables y desfavorables. Las opiniones contrarias tienen que ver con los errores técnicos (por mencionar uno, los autos que en la película tiene transmisión manual, pero que en realidad son automáticos), las equivocaciones de continuidad, las acrobacias absurdas, los guiones carentes de lógica y los vacíos en la trama, como por ejemplo, los personajes que regresan de entre los muertos sin siquiera un intento de justificarlo.
En el periódico Los Ángeles Times la periodista Sofía Aguilar opinó que, a pesar de que la saga F&F sea criticable en varios aspectos, tiene un lado positivo: «En una época en la que el público moderno demanda una mayor diversidad e inclusión en el cine, me sorprende ver una franquicia con dos décadas de edad que tiene un reparto mayoritariamente de gente negra, latina y asiática, y directores negros y asiáticos».
CritiqueLens.com coincide con la opinión de Aguilar, aunque señala que los personajes repiten rasgos estereotípicos; por mencionar dos, los personajes latinoamericanos son retratados como personas apasionadas o intensas, o que las afroestadounidenses cuentan de facto con las habilidades y la actitud para sobrevivir a situaciones peligrosas en las calles.

Toyota Supra «A80» 1994. Rápido y furioso / Universal Pictures
Portento japonés
Otro auto que podría simbolizar el filme es el Toyota Supra de cuarta generación «A80» de 1994 que es reconstruido por la gente del taller de Toretto, y que Brian O’Conner (Paul Walker) consiguió para reponerle a Toretto su auto de 10 segundos (el tiempo para recorrer el 1/4 de milla).
Este modelo de motor delantero y tracción trasera está basado en el gran turismo japonés Toyota Soarer. Su seis cilindros en línea «2JZ-GTE» con dos turbos secuenciales produce 320 HP (235 kW) en la versión estadounidense. Este motor es muy apreciado entre la comunidad de modificadores debido a su robustez y a su capacidad para exprimirle más potencia.
Inexacta, ¿pero y qué?
En un balance general las críticas se disuelven ante la abrumadora popularidad de F&F. Esta serie de películas muestra a los espectadores situaciones en las que casi puede percibirse el olor a combustible, a caucho quemado y a feromonas de hombres y mujeres que conducen todo tipo de automóviles con excepcional habilidad.
Quizá nadie se hubiera imaginado que el filme inicial acabaría siendo la base para muchos largometrajes, ni del impacto cultural tan profundo que lograría. Hasta el décimo filme –Fast X– la franquicia F&F había obtenido ingresos de taquilla por unos 7.500 millones de dólares en todo el mundo, por lo cual se coloca como una de las más redituables del mercado del cine estadounidense.
A partir de las películas se creó la serie de dibujos animados Fast & furious spy racers (de 2019 a 2021) y el videojuego Fast & furious: highway heist.
F&F trascendió incluso a Paul Walker –un personaje que todos pensaban insustituible–, porque después de su trágica muerte en noviembre de 2013 (aún sin concluir el rodaje de la séptima película), su entrañable amigo Vin Diesel se encargaría de mantener la saga tan viva como en sus inicios. Se prevé que en 2028 se estrenará un nuevo capítulo: Fast forever, que produce Vin Diesel junto con otros cinco socios.

Ford F-150 SVT Lightning 1999/2000. Rápido y furioso / Universal Pictures
Coches para todos los gustos
El elenco multiestelar de autos del primer filme de la saga se completa con una multitud de «actores de reparto» y apariciones breves (cameos): un Chevrolet Chevelle SS 1970, varios Honda Civic cupé, un Honda S2000, un Mazda RX-7 «FD» y un Mitsubishi Eclipse «2G»; sin dejar de notar un Acura Integra «DC2», una Ford F-150 Lightning, un Ferrari F355 Spyder, una vagoneta Honda Accord 1994, un Honda Del Sol, un Lexus SC400, un Nissan Skyline GT-R «R33», un Toyota MR2 «W20» y un Volkswagen Jetta «A3», entre otros.
