Retrato de Confucio de la dinastía Ming. Autor desconocido. Museo de Confucio, Qufu, República Popular de China /《中华图像文化史 士人图谱卷》孔子博物馆 Portrait of Confucius at leisure, Ming dynasty. Unknown author. Confucius Museum. Wikipedia Commons.
Vida Real

«Trabaja en lo que te gusta»: ¿Confucianismo o una mera confusión?

· por Rogelio Rivera Nava

Confucio nunca mencionó la frase «Elige un trabajo que te guste y no trabajarás un solo día de tu vida». Sin importar qué ocupación tenga cada quien, el filósofo chino más bien enfatizó la importancia de los principios morales y el propósito social del trabajo.

La frase «Elige un trabajo que te guste y no trabajarás un solo día de tu vida» se le atribuye erróneamente al filósofo chino Confucio.

Por principio de cuentas, la lógica impide creer que Confucio escribió tal frase, porque en el periodo Chūn qiū shí dài (de las primaveras y otoños) que le tocó vivir a este pensador, las posibilidades de elegir una profesión eran escasas.

Si en aquella época el hijo de un agricultor le hubiera dicho a su padre: «Cuando sea grande quiero ser filósofo como Confucio», la respuesta que hubiera obtenido de su progenitor pudo haber sido la siguiente: «Y yo quiero ser terrateniente, capataz o rey, pero esto es lo que nos tocó, así que toma el azadón y ponte a trabajar».

¿Confucio dijo qué?

¿Confucio realmente escribió lo que se le atribuye? El sitio web quoteinvestigator.com (QI) investigó el caso.

Según lo que averiguó QI, en los textos clásicos del filósofo no hay ninguna referencia a la mencionada frase.

El verdadero origen de este enunciado es incierto, aunque QI encontró que la aparición más antigua se publicó en 1982 en el Princeton Alumni Weekly. Un profesor de filosofía llamado Arthur Szathmary citó lo siguiente:

«Choose a job you love, and you will never have to work a day in your life»

«Elige un trabajo que te guste y no trabajarás un solo día de tu vida»

Szathmary no dijo esto como algo suyo sino que confesó haberlo escuchado de la boca de «un veterano» a quien no identificó.

La máxima se le atribuye también al autor Harvey Mackay, quien la usó en 1989.

En las Analectas de Confucio, el filósofo nacido en lo que actualmente es Qufu, Shandong, escribió cosas acerca del trabajo, pero la investigación de QI concluye que en ningún lugar se relaciona esto con la palabra «amar» (en el sentido de «gustar»).

Pictorial Ideograph (Munjado) righteousness (ui) of the eight Confucian virtues. Artist: anonymous. Los Angeles County Museum of Art. Gift of Ann and Jack Levine. Public domain. Wikimedia Commons.
Ideograma de la rectitud (ui), de las ocho virtudes de Confucio. Artista anónimo. Museo de Arte del Condado de Los Ángeles. Donación de Ann y Jack Levine. Dominio público. Wikimedia Commons.

Las verdaderas enseñanzas de Confucio

Lo que sí se sabe con certeza que escribió Kong Qiu (el nombre de nacimiento de Confucio) es su filosofía del trabajo, que a pesar de provenir de aquella época (entre los siglos V y VI antes de la era común, o sea, antes de Cristo) sigue siendo válida y puede resumirse en los siguientes principios:

  1. Trabajar en el crecimiento personal. Las actividades diarias –trabajo y deberes formales– deben asumirse como una oportunidad para un desarrollo moral, no solo como una satisfacción personal, sino también como un medio para convertirse en un junzi (una persona ejemplar).
  2. El trabajo debe alinearse con principios morales (yi) y no con los deseos personales. Contrario a la mentalidad de «ama lo que haces», el confucianismo hace hincapié en actuar de manera correcta a pesar de los sentimientos personales.
  3. Servir para un propósito social tiene como resultado una armonía social. Confucio enseñaba que los individuos encuentran sentido cuando cumplen su rol de manera responsable, ya sea como dirigentes, oficiales, padres u obreros. Cada rol conlleva obligaciones, que cuando se respetan, dan por resultado orden y armonía de la sociedad.
  4. Diligencia y perseverancia. La destreza se logra mediante la práctica persistente, no solo por el talento innato o la pasión.
  5. Encontrar sentido en la conducta propia en lugar de buscar el trabajo que «amas». Confucio aconsejaba encontrar sentido al desempeño de cualquier labor mediante la integridad, el respeto y la atención al ritual según las formalidades sociales (li). Incluso las labores mundanas pueden ser significativas cuando se llevan a cabo con la actitud adecuada.

Las lecciones de Confucio pueden resumirse así:

  1. Cumple tu deber bien, sin importar si amas tu trabajo o no
  2. Cultiva la virtud a través de tus actividades diarias
  3. Sirve a otros por medio de tu participación
  4. Mantén la integridad incluso en labores pequeñas
  5. Procura la armonía entre los objetivos personales y las responsabilidades sociales

En esencia, el propósito no se logra al buscar el «trabajo que amas», la profesión ideal o una labor que te apasione, sino al dedicar esmero en todas tus actividades laborales y al actuar con una actitud moral ante cualquier trabajo en el que te desempeñes. Esto es absolutamente distinto a la frase motivacional moderna.

Pasión por el trabajo

Hay quienes sintetizan el falso dicho de Confucio con otra frase: «Trabaja en lo que te apasiona».

En las hojas de vida de presidentes de empresas, directivos, gerentes, administrativos de mediana posición y personal «de tropa», lo de la pasión por el trabajo sale a relucir frecuentemente como consigna o mantra.

En mi opinión, dedicarse a algo que no parezca un trabajo o a involucrarse en un campo laboral porque despierta la pasión es una gran mentira contemporánea, o mejor dicho, una realidad para muy pocas personas, porque incluso en nuestra época (con los adelantos en derechos laborales y sus retrocesos), no todos pueden elegir la profesión que aman, que les apasiona, que les gusta o, por lo menos, que no les disguste.

Nadie fregaría (lavaría) trastes o cuartos de WC si tuviera otra opción, ¿cierto?…

Si la gente gozara de la libertad para abrazar su vocación, supongo que en estas épocas la mayoría elegiría ser «creadores de contenido», mejor conocidos como influencers. Si la mayoría de la gente se dedicara a dar sus opiniones en videos y posts, ¿cuántas personas quedarían para diseñar, fabricar, transportar o vender los productos, o dar los servicios que promueven los influencers?

¿Cuántos querrían ser enfermeros, jardineros, dependientes de estanquillos (tiendas pequeñas), policías, albañiles, abogados, evaluadores (ajustadores) de siniestros para aseguradoras, fontaneros (plomeros), conductores de autobús, ingenieros o afanadoras(es)?

Otras opciones

Ya sé que exageré al plantear que la mayoría de la gente quiere ser influencer, así que voy a sugerir como un mero ejemplo otra profesión cotizada: sobrecargo de una línea aérea comercial.

A lo lejos, atender pasajeros de un avión parece una ocupación muy atractiva y con el beneficio de viajar gratis a muchos lugares del mundo. Lo que no se difunde mucho es que los(las) sobrecargos se enfrentan a menudo con pasajeros altaneros, impertinentes, groseros, necios, agresivos, acosadores o depredadores sexuales, que a veces no obedecen las normas, sin dejar de mencionar que las jornadas en el aire pueden ser agotadoras y no muy buenas para la salud.

Indudablemente, ser sobrecargo tiene sus ventajas, pero estas vienen acompañadas de aspectos negativos propios de la profesión.

Otro ejemplo, esta vez personal. Alguna vez, cuando dirigía la versión mexicana de la revista Car and Driver, escribí en un arrebato de presunción en una carta editorial: «Lo sé, tengo un trabajo envidiable». Esto haría suponer a cualquier lector que me pasaba la vida conduciendo.

No puedo negar lo agradable que resultaban las ventajas de mi ocupación. Confieso que me encantaba conducir autos que provocan suspiros y dejarme consentir con viajes a lugares bellos y exóticos que yo no hubiera podido pagar.

Esto era la mitad de mi realidad profesional. El mío era un trabajo y como tal iba ligado a muchas responsabilidades: planificar qué íbamos a publicar en los siguientes meses; organizar a mis subalternos y a los colaboradores externos para decidir qué haría cada quién; supervisar que todos hicieran lo encomendado; dedicar horas a conducir en el tráfico citadino y de carretera para obtener sensaciones de manejo; leer, corregir y editar todos los textos que aparecerían en la revista; sentarme horas enteras para escribir acerca de los coches y camionetas que probaba; revisar qué fotografías ilustrarían cada artículo; contestar llamadas y mensajes de email que parecían interminables; lidiar con la burocracia interna de la empresa; cultivar una relación profesional con la gente de relaciones públicas de las compañías de autos; soportar los inconvenientes de viajar constantemente (como pasar días o semanas lejos de mis seres amados); tener la obligación de cuidar autos que podían costar mucho dinero, y cargar sobre mis hombros la responsabilidad de preparar toda una revista para la imprenta antes de una fecha mensual que no podía postergarse. Y el siguiente mes, repetir. Al ser el primero que llegaba a la oficina y el último en irse, mi estado «normal» era sentirme somnoliento.

No digo que todo fuera blanco o negro, porque las ventajas y desventajas eran parte integral del trabajo, aunque no había manera de elegir nada más los aspectos positivos.

Piensa en cualquier profesión, y por más emocionante o glamurosa que sea, seguramente habrá momentos en los que quienes se dediquen a esta se sientan agobiados, aunque sea brevemente.

"Aquellas personas que pueden elegir libremente una profesión o encontrar pasión en lo que trabajan son afortunados o privilegiados."

La cruda realidad

Seguir difundiendo el falso postulado de Confucio y convertirlo en una moderna consigna laboral ocasiona más problemas que beneficios, desde mi punto de vista.

Lo de no trabajar si amas lo que haces o dedicarte a lo que te apasiona son postulados más bien huecos, que no contribuyen a cimentar la fortaleza que se necesita para tolerar las inevitables facetas difíciles o desagradables de cualquier profesión.

Tanto «Elige un trabajo que te guste y no trabajarás un solo día de tu vida» como «Trabaja en lo que te apasiona» me parecen gritos de batalla que contribuyen a crear frustración.

Con la falsa promesa de buscar el trabajo que le guste, la gente acepta puestos que –quizá esto sea muy atrevido de decir– a la distancia se nota que odian. Sin dejar de mencionar la explotación y pauperización laboral como factores que hacen odiar el trabajo, la infructuosa búsqueda de una profesión utópica explica en parte el bajo desempeño de algunos trabajadores y la alta rotación en diversas industrias.

¿No sería preferible que cada quien asuma el trabajo (con sus ventajas y desventajas) de manera objetiva y busque la motivación en su fuerza interna? Si entendemos lo que realmente escribió Confucio y lo cultivamos, hallaremos un sentido más sensato al trabajo.